El proceso de hominización
Desde el primer homínido, el hombre ha ido evolucionando gracias a una serie de cambios en su especie, esto fue conocido como el proceso de hominización. Algunos de los cambios fueron los siguientes:
La marcha bípeda (poder caminar con dos pies). Esta forma de moverse provocó una serie de modificaciones imprescindibles: una columna vertebral con curvaturas, que permite que el centro de gravedad del cuerpo describa al andar casi una recta, una pelvis ancha, una rodilla que puede doblarse en un solo sentido, un hueso del talón alargado y un pulgar del pie largo y alineado con el resto de los dedos de los pies. La marcha bípeda permitió liberar las manos, que se convirtieron en instrumentos muy sensibles, capaces de manipular los objetos de forma muy precisa. En la mano humana, destaca el pulgar, que es alargado, puede rotar con bastante libertad y puede oponerse al resto de los dedos de la mano.
La cara y los dientes. Todos los grandes simios están dotados de enormes caninos (colmillos) que destacan del resto de los dientes. A medida que avanzamos en el proceso de hominización, observamos que los caninos van reduciéndose de tamaño. Además, los dientes que sirven para masticar han ido disminuyendo su tamaño progresivamente. Estos cambios provocan una disminución del tamaño de la cara y de las mandíbulas.
Tamaño del cerebro. La mayoría de los seres humanos actuales tiene una capacidad craneal entre 1.300 y 1.500 cm3.El aumento del tamaño del cerebro ha permitido la evolución cultural y técnica del ser humano.
La adquisición del lenguaje articulado.El lenguaje articulado permitió transmitir información concreta de modo instantáneo.